Entre líneas

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Relato ficticio entre líneas.

Confieso que para cualquier chico de 18 años mi trabajo podía ser aburrido, pero para mí era todo un sueño; les cuento que era encargado de una librería, y a pesar de que al igual que yo la librería había nacido a principios de siglo, no era mucho lo que se vendía, cosa que me daba tiempo para leer los libros que ahí intentábamos vender.
Me encantaba leer obras de Julio Verne, y ese día no sería la excepción, eran escritos que tenían unos 50 años o un poco mas, pero recién llegaban a nuestra tienda.
Mientras leía, en total soledad ponía a sonar en la vitrola un acetato de Tchaikovsky, mientras mas me sumergía entre líneas, podías escuchar de fondo las Flautas, Violines y Contrabajos de esa magistral y novedosa obra “The Tempest”, tanto me sumergí que me quedé dormido, se me había hecho tarde y era 31 de diciembre, cerré y salí casi corriendo, la vía por donde siempre transitaba esos 90 minutos de ida y vuelta estaba desértica y oscura, tomé entonces la decisión de tomar la vía alterna, ir a la orilla del río a tomar un bote para atravesar un arroyuelo que separaba mi pueblo del comercio, debía llegar rápido a casa, mi familia me esperaba.
Las personas que acostumbraban a alquilar los botes no estaban, era obvio, de seguro ya estaban con su familia, yo a punto de dejarme vencer, recordé ver un viejo bote flotando, amarrado de un viejo tronco, tenía meses en el mismo lugar y en efecto, seguía ahí, sin pensarlo me subí, desaté sus amarras y emprendí el viaje.
De pronto algo pasó, sentí un gran estruendo, el cielo se iluminó con un relampago, y comenzó a llover, era tal la tempestad que ese pequeño río poco navegable y de aguas pacíficas se convirtió en una corriente de agua sin control.
En ese instante algo pasó y un rayo golpeó mi bote, destruyéndolo por completo, por suerte no me tocó pero caí al agua y por poco me ahogo, nadé sin parar para atravesar a contracorriente tan inclemente río, sin embargo me arrastraba mas y mas, corriente abajo, alejándome de mi destino.
Sumergido en el agua y casi sin fuerzas, por un momento no supe de mí, por suerte un tronco de algún arbol caído estaba a mi paso y me detuvo, al abrir los ojos una chica sostenía mi mano, era un ángel, me dijo que tenía la tradición de ir al río todos los fin de años para despedirse del año viejo y luego correr a la ciudad a abrazar a su familia y esperar juntos el inicio del año nuevo.
Le pregunté de que ciudad hablaba, toda la zona eran solo poblados, pero al levantar la vista me di cuenta que ella tenía razón, y yo había llegado a otro lugar, muy distinto y distante de mi destino, tenía enormes edificaciones, muy modernas; ella me preguntó el por qué de mi atuendo antañón, si no era carnaval, yo la miré y vi que sus ropajes eran mas brillantes que la seda, y su vestido increiblemente corto (hasta la rodilla) y parecía hecho de plástico al igual que su calzado, tenía algo en su mano que brillaba mucho y no dejaba de mirar, no entendía nada.
Le dije que su atuendo no era correcto para una dama y por muy moderno que fuera el siglo XX no estaba bien visto que ella estuviera así vestida, ella no entendía mis palabras ni yo las de ella, se reía y me preguntaba que era eso de siglo XX, que si estaba loco, en ese momento el cielo volvió iluminarse, el sonido me aturdía, ella me dijo: “Alza la cabeza, son las 12, feliz año”, al mirar al cielo vi esta imagen y caí desmayado al entender que el río me trajo del 1919 al 2019 en unos minutos.

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